Antiguo municipio independiente anexionado a Barcelona en 1897, Gràcia conserva su carácter de pueblo con sus plazas emblemáticas — Plaça del Sol, Plaça de la Virreina, Plaça de la Vila de Gràcia — y sus calles estrechas bordeadas de pequeños edificios de 3 a 5 plantas.
La mayoría de las viviendas del barrio datan de los años 1960-1980, con pisos que oscilan típicamente entre 50 y 80 m². Estos inmuebles presentan retos específicos para el interiorismo: distribuciones compartimentadas con pasillos largos, falta de luz natural en las habitaciones interiores, instalaciones eléctricas y de fontanería envejecidas, y cocinas y baños de dimensiones reducidas.
A diferencia de las fincas modernistas del Eixample, los edificios de Gràcia suelen tener estructuras más sencillas, pero las calles estrechas y la ausencia frecuente de ascensor complican la logística de las reformas. Un interiorista con experiencia en el barrio marca la diferencia.